Lionel Scaloni maneja muy bien la presión inoculándola: los partidos complejos los plantea como privilegios, se centra en dar el mejor esfuerzo. Sabe que plantearlos como demasiado importantes y enfocarse en el resultado solo crea en nuestra mente el temor a perderlos.
Siempre que se gana jugando mal se invocan razones emocionales como explicación de lo sucedido. Cuando se pierde, falta de ideas. El resultado puesto genera el argumento que se usa.