La idea es sencilla: necesitás incorporar el cambio a tu vida.
Después de los largos años de formación médica, es habitual conseguir finalmente un trabajo, obtener un puesto académico estable y, a partir de allí, recibir incentivos —implícitos o explícitos— para permanecer en ese lugar durante el mayor tiempo posible.
La permanencia empieza a considerarse una virtud en sí misma. Cambiar de lugar, por el contrario, suele ser visto con cierta sospecha.
En mi propia carrera, durante los primeros diez o quince años tendí a cambiar aproximadamente cada cinco años, y noté que algunos colegas levantaban una ceja ante eso. Mientras tanto, quienes permanecían en el mismo puesto académico durante veinte, treinta o cuarenta años eran silenciosamente admirados.
En la industria farmacéutica —donde trabajé en distintos momentos de mi carrera y donde trabajo actualmente— predomina la cultura opuesta: permanecer cinco años en un mismo lugar ya se considera un período relativamente largo, y quedarse una década o más es verdaderamente inusual.
Creo que este segundo enfoque tiene méritos importantes, y quiero explicar por qué.
Cuando estaba en la Universidad de Emory, un conocido colega pediatra hizo una vez una observación: las personas pasan la primera mitad de sus carreras tratando de subir hasta la cima de la pirámide y la segunda mitad pateando hacia abajo a todos los demás para poder quedarse allí.
Cuando lo escuché, pensé que esto ocurre precisamente porque las personas, una vez que alcanzan determinada posición de poder o privilegio, simplemente quieren permanecer en ella.
Dejan de moverse. Dejan de cambiar.
Esto se relaciona con un artículo de David Sackett, el principal fundador del concepto de medicina basada en la evidencia, que siempre me resultó impactante.
Una versión de ese artículo se titula The Sins of Experts —Los pecados de los expertos— y su argumento era que, una vez que te convertís en experto en algo, con el paso del tiempo tendés, en realidad, a retrasar el progreso de ese campo.
Las personas comienzan a otorgarle un peso excesivo a tus opiniones. Quizás no tengas tantos datos como deberías para respaldar las posiciones que sostenés y, sin embargo, tu autoridad puede terminar desplazando otras perspectivas que están mejor sustentadas por la evidencia simplemente porque son diferentes de la tuya.
Los expertos, debido a que con el tiempo se comprometen profundamente con determinadas perspectivas, tienden a protegerlas y consolidarlas en lugar de revisarlas.
La conclusión de Sackett era que, después de aproximadamente diez años como experto en un área determinada, deberías abandonarla.
Una vez que te convertiste en la autoridad, seguí adelante y hacé otra cosa.
Él mismo hizo exactamente eso: abandonó su campo de especialización en adherencia de los pacientes a los tratamientos y comenzó de nuevo. Y fue precisamente ese cambio el que lo llevó a desarrollar el concepto de medicina basada en la evidencia.
Si hubiera continuado siendo un experto en adherencia terapéutica, quizá la medicina basada en la evidencia nunca hubiera existido. Y, como contribución a la medicina, terminó siendo muchísimo más influyente que cualquier cosa que hubiera producido anteriormente dentro de su especialidad.
Alguien dijo alguna vez que es difícil distinguir entre estar atrapado en una rutina y haber encontrado un buen ritmo.
Podés sentir que las cosas funcionan bien. No hay ninguna razón particular para cambiar nada. Tu vida puede haber transcurrido sin mayores problemas durante cinco, diez o quince años.
Pero entonces, después de veinte años, algo sale mal. Ocurre algún acontecimiento negativo y te das cuenta de que sucedió, en parte, porque no estabas mirando, no estabas prestando atención, no estabas preguntándote si el camino que estabas recorriendo seguía siendo el correcto.
Simplemente estabas haciendo lo mismo una y otra vez.
Y, en ese proceso, quizás no estabas permitiendo que todo tu potencial pudiera expresarse.
Puede haber cosas que podrías hacer incluso mejor que aquello que estás haciendo actualmente y que nunca vas a descubrir si nunca las intentás.
No estoy hablando necesariamente de cambiar completamente de profesión, aunque esa es una posibilidad.
Puede significar mudarte.
Puede significar pasar de la práctica privada al ámbito académico, o de la academia a la industria farmacéutica.
Puede significar asumir un rol de liderazgo o dedicarte a la enseñanza.
Los detalles concretos importan menos que la actitud que hay detrás:
Mantenete flexible.
Mantenete curioso.
Y permanecé abierto a reinventarte.
Y recordá esto:
Es mucho mejor que seas vos quien introduzca cambios en tu vida a que sea la vida la que introduzca los cambios por vos.
De todos modos, nunca podemos mantener las cosas exactamente iguales. El cambio va a llegar, queramos o no.
Ser proactivo frente a ese cambio, en lugar de esperar hasta que las circunstancias nos obliguen a actuar, es casi siempre la opción más sabia.