Consagrarse a una vocación, empero, no implica necesariamente contar con aptitudes de excepción para su cumplimiento. Casi nunca el hombre de vocación difiere del que no lo es por el caudal de recursos de que dispone. Difiere de él, eso sí, por su imposibilidad de dejar de hacer. Aunque no logre llegar adonde quiere no puede renunciar a encaminarse hacia allí.
Cuando con algunas personas llegamos a etapas profundas de su terapia nos damos cuenta que su caracter y sus problemas son versiones presentes de como enfrentaron los principales temas de su vida. Hay personas que entran en crisis para volver a sentir lo que es salir de ellas, hay personas desconfiadas producto de alguna traición. Somos producto de lo que tuvimos en el pasado que superar.