Hay días malos en los que herimos y nos herimos. Rechazamos los intentos de salvataje de otros y ninguna última técnica de bienestar emocional nos saca adelante. Días en donde el tiempo pasa lento, frío y pesado. Lo interesante es que es muy probable que mañana ya estemos mejor sin hacer absolutamente nada. Como si tuviéramos una inercia que nos hace subir desde la parte más baja a la que hemos llegado.