La verdadera prueba de tu carácter no reside en cómo afrontas la adversidad —
aunque eso te enseñará mucho.
La verdadera prueba reside en cómo manejas el poder.
La única cura para el poder es la humildad y el reconocimiento de que tu poder proviene de la suerte.
La persona insignificante se cree superior; la persona superior sabe que tiene suerte.
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