Esas cuatro horas parecen pequeñas. Pero repetidas todos los días terminan siendo una parte enorme de nuestra vida.
Shetty propone cinco ideas sencillas para aprovecharlas mejor:
1. Cambiar la primera acción después del trabajo.
Lo primero que hacemos condiciona bastante lo que viene después. Tirarnos en el sillón con el celular probablemente produzca una noche diferente a salir a caminar, entrenar o abrir un libro.
2. Agrupar las pequeñas tareas.
Compras, mensajes, trámites, ordenar, cocinar. Las pequeñas obligaciones dispersas pueden terminar ocupando toda la tarde. Agruparlas libera tiempo y, sobre todo, cabeza.
3. No esperar a tener ganas.
Solemos pensar que primero viene la motivación y después la acción. Muchas veces funciona al revés: empezamos a hacer algo y las ganas aparecen mientras lo hacemos.
4. Elegir una sola cosa importante para cada noche.
No hace falta convertir nuestro tiempo libre en otra lista interminable de obligaciones. Leer. Entrenar. Ver a alguien. Caminar. Una cosa puede ser suficiente.
5. Construir noches que nos devuelvan energía.
No todo lo que nos distrae nos descansa. Hay actividades que simplemente hacen pasar el tiempo y otras después de las cuales nos sentimos mejor. Conviene aprender a distinguirlas.
Quizás mejorar nuestra vida no requiera siempre grandes decisiones. A veces alcanza con mirar qué estamos haciendo de 17 hs a 21 hs.
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