Generar altas expectativas sobre los niños les genera el miedo de no poder satisfacer estas expectativas de los demas, miedo a fallar, no permitirse equivocarse, se arriesgan menos. Esos chicos no se ponen a prueba, no toman riesgos, porque temen fallar, defraudar. La mirada que ponemos sobre la otra persona termina condicionando su comportamiento.
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