Esta semana estuve en Cartagena y recién el ultimo día los descubrí. El lugar se llamaba Malagana y llegue cuando un compañero arribo tarde a buscarme explicándome que lo demoró un problema del corazón. Entramos a ese bar de tres metros de frente por tres pisos de alto. Cada piso decorado artesanalmente con mucho cuidado. Las escaleras empinadas de madera te llevan de un piso al otro y al ultimo piso solo se accede abriendo una puerta que pone ante ti la incertidumbre de lo que encontraras. Abres si sales a una terracita con cuatro mesas y las paredes decoradas con macetas pintadas y pequeños espejos. Allí estaban dos compañeros de la oficina con sus novias. Me saludaron amistosamente y los seis nos pusimos a tomar unas cervecitas a la luz de la luna cartagenera en la terraza pequeña y muy cuidada de Malagana. Allí vi toda la semana: cálidos, amistosos, artesanales, alegres, rumberos, serviciales, humanos. Aquí no hay infraestructura, el trafico es un lío, no están separada la zona r...