Hay que admitir que se puede jugar mal más allá de que se haga todo lo posible para que eso no suceda. Hoy podemos jugar mal, pero no queremos jugar mal. Si yo no puedo jugar mal, cuando me den la pelota y erre un pase, ya no juego más. El "hoy no puedo jugar mal" te lleva a la parálisis, a ansiedad, bloqueos. Pensar en "hoy no quiero jugar mal" te lleva a las acciones del juego de un buen rendimiento. Si te toca errar las tres primeros pelotas, seguí intentando esas acciones.
En una ocasión un jugador muy experimentado le dijo a otro jugador también muy bueno pero más joven: "Mostrarme tu reglamento de jugador. ¿En que lugar dice que tenes que jugar todos los partidos bien?" Sentirse obligado a jugar bien aumenta las chances de jugar mal. Hay que permitirse poder jugar mal para aumentar las chances de jugar bien.
En una ocasión un jugador muy experimentado le dijo a otro jugador también muy bueno pero más joven: "Mostrarme tu reglamento de jugador. ¿En que lugar dice que tenes que jugar todos los partidos bien?" Sentirse obligado a jugar bien aumenta las chances de jugar mal. Hay que permitirse poder jugar mal para aumentar las chances de jugar bien.
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