Psicólogo Deportivo. No hay forma de competir contra alguien que se divierte haciendo lo que hace.
miércoles, 27 de agosto de 2014
El arquero
El habia empezado a retroceder en los puestos a medida que pasaban los años. De muy joven fue un goleador con la sangre muy fría para definir, luego se apegó al despliegue del medio campo y cortar el ataque rival, y ya en sus treinta fue un sólido defensor, rápido y ambicioso por el lateral. Llegados los cuarenta y ya sin espacio para retroceder se ubicó en el arco. Pero no era un arquero que espera a los atacantes, era un arquero que los atacaba, quizás producto de su melancolía por el paso del tiempo y lo perdido. La cuestión era que el partido estaba empatado y quedaban pocos minutos. El mejor atacante rival, habilidoso, rapido y por encima de todo joven, apilaba rivales por la franja derecha. El lo vio venir y salió a encararlo. Al atacante le quedaba en el bolsillo una gambeta más y se la tiro cuando lo vio que se le venía. Se abrió hacia la derecha a medida que el arquero que se iba quedando atrás y cuando ya vio que las piernas del arquero estaban a la misma altura que él la tocó suave hacia el arco. Nuestro arquero conjugo piernas hacia adelante y brazos hacia atrás y la pelota se durmió en su palma evitando el gol que iba con un 99,9 por ciento de probabilidad. Todos felicitaban a nuestro viejo arquero. El soñaba con poder volver a ser delantero.
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