Uno siente que se queda con las manos vacías. Fuiste ganando casi todo el partido, las cosas iban saliendo como las planeaste y sobre el final una serie de errores tuyos y aciertos del rival hacen que el partido se te vaya y pierdas por un punto. La sensación no es tristeza sino de bronca por no llevarte algo que tuviste muy cerca. Es esa sensación de bronca lo que nos moviliza en el próximo entrenamiento, es esa certeza de que en un par de jugadas se resuelve todo lo que te hace perfeccionista al extremo, lo que te obliga a cuidar hasta el último detalle. Yo creo en las derrotas como motor. Como resorte. Odio perder y es en estas sensaciones tan horribles donde la cabeza se pone dura y te decís mil veces "la próxima vez no se me escapa". En este dolor nace.
Pep Marí propone el siguiente modelo en forma de piramide asociado al alto rendimiento. En la base el "Poder aprender" (ser humilde, tener los pies sobre la tierra, un entorno que ayude), luego "Querer aprender" (pagar todo el precio que implican las metas que te trazas), más arriba "Saber aprender" (tener claro el proceso de aprendizaje incluyendo el aprender de los errores) y por último "Demostrar lo aprendido" (poder rendir bajo la presión de la competencia).
