Siempre las derrotas me duelen. Pero ahora menos. Todavía recuerdo mis llantos de jugador en un banco de suplentes cuando eso que buscaste tanto no llegaba y me duele el alma. Y te puedo entender. Con el tiempo y muchas derrotas en la espalda, aprendí que las derrotas son mojones que nos empujan hacia el triunfo, las derrotas nos hacen pensar que tenemos que mejorar y nos dan la fuerza necesaria para lograrlo. Las derrotas hay que vivirlas con menos dramatismo. Solo son un mensaje de que hay que seguir trabajando un tiempo más para sentir la cosquilla de la gloria. Ganar o perder es algo que la vida te repartirá en dosis variadas y tenés que apuntar a siempre tener la tranquilidad de que dejaste todo lo que estaba a tu alcance. Si logras que te acompañe esa paz mental, tanto los triunfos como las derrotas con solo señales que va dejando el transitar un camino hermoso que te acompañara toda tu vida. Levanta la cabeza guerrero y seguí caminando.
Siempre las derrotas me duelen. Pero ahora menos. Todavía recuerdo mis llantos de jugador en un banco de suplentes cuando eso que buscaste tanto no llegaba y me duele el alma. Y te puedo entender. Con el tiempo y muchas derrotas en la espalda, aprendí que las derrotas son mojones que nos empujan hacia el triunfo, las derrotas nos hacen pensar que tenemos que mejorar y nos dan la fuerza necesaria para lograrlo. Las derrotas hay que vivirlas con menos dramatismo. Solo son un mensaje de que hay que seguir trabajando un tiempo más para sentir la cosquilla de la gloria. Ganar o perder es algo que la vida te repartirá en dosis variadas y tenés que apuntar a siempre tener la tranquilidad de que dejaste todo lo que estaba a tu alcance. Si logras que te acompañe esa paz mental, tanto los triunfos como las derrotas con solo señales que va dejando el transitar un camino hermoso que te acompañara toda tu vida. Levanta la cabeza guerrero y seguí caminando.
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