Leo, hacia el final de Un hombre enamorado, la temible y fabulosa
novela del noruego Karl Ove Knausgård, esta frase: «Mis rabias eran
mezquinas, me enfadaba por detalles tontos, ¿a quién le importa
quién fregó qué a la hora de mirar hacia atrás al resumir una vida?
[…] ¿Cómo se podía echar a perder la vida enfadándose por el
trabajo de la casa? ¿Cómo era eso posible?». Sí. ¿Cómo es eso
posible? Y, sin embargo, la pila de platos sucios, la pelea en torno a
quién le toca hacer la compra, transforma nuestro corazón, alguna
vez en llamas, en un pantano ciego. Y lo hace con una eficacia
sibilina, más tóxica e irreversible que una catástrofe mayor. A veces,
cuando camino por la calle y veo caras sumergidas en la
indiferencia, en la resignación o el miedo, me digo: cuidado. Porque
¿cómo es que sucede? ¿Cuándo la fruición de la carne empieza a
deslizarse, anestesiada, entre las páginas de un libro, los anteojos
para la presbicia, el beso de las buenas noches? ¿Cuándo dejamos
de reírnos como lobos? ¿En qué momento la prudencia empieza a
ser más importante que todo lo demás, el crédito hipotecario que
todo lo demás, la compra en el supermercado que todo lo demás?
¿Cómo, en qué momento los domingos de almuerzo con los suegros
reemplazan para siempre el desayuno a las cuatro de la tarde, el
amasijo, los tiernos bordes de la noche licuándose en un amanecer
de pájaros ardientes? ¿Dónde está aquel sueño imposible, tan
enloquecido: a qué pila de escombros hay que ir a buscar? Cada vez
que veo en las caras la prudencia, la resignación, el miedo, me digo:
cuidado. Me miro la sangre y los tendones. Me entreno para estar
despierta. Dicen: «Les sucede a todos: el tiempo pasa». Me dirán
loca. Yo siempre estaré buscando, bajo los adoquines, la arena de la
playa. Leila Guerrero
Los psicólogos Baltes y Staudinger plantean este modelo en donde selectividad consiste en elegir tus oportunidades y definir metas alcanzables, optimización va de buscar el mejor rendimiento posible en ellas y la compensación va de encontrar estrategias para compensar las limitaciones que tenemos. Llevémoslo a un ejemplo que explica Pacho O´Donnell en el libro "La nueva vejez": En una entrevista televisiva le preguntaron al famoso pianista polaco-estadounidense Arthur Rubinstein cómo hacía para vencer la edad y seguir siendo el concertista de piano número uno a los 90 años. Respondió: “En primer lugar, de todo el repertorio musical he elegido las piezas que más me gustan y con las que me siento más cómodo [selección]. En segundo lugar, practico todos los días las mismas horas, pero como ensayo menos piezas, dedico más tiempo a cada una [optimización]. Por último, cuando tengo que interpretar movimientos que requieren de más velocidad en mis dedos de la que puedo conseguir, h...
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