Psicólogo Deportivo. No hay forma de competir contra alguien que se divierte haciendo lo que hace.
jueves, 22 de mayo de 2025
La gente se salva sola
Y entonces, porque yo estaba triste, el sábado pasado me llevaste a
ese parque, tan cerca de casa, tan lejos del mundo, y caminamos
por el sendero de tierra, entre las cañas de bambú, respirando el
aire fino y caliente en el día desierto, y me contaste que habías
estado allí un tiempo atrás, tomando unas fotos, y que te habías
topado con un tipo rarísimo que tocaba la guitarra detrás de un
arbusto —como un desconsolado, como un perro frenético—, y lo
imitaste a gritos y yo me reí (recordando aquella vez, hace años,
cuando éramos casi unos desconocidos y, en un bar de una isla de
Colombia, mientras sonaba Bob Marley, vos, hasta entonces silente y
discreto, empezaste a cruzar la pista de una punta a la otra, con
unos ridículos pasitos à la Fred Astaire, y yo te miraba con asombro
y felicidad como quien descubre un tesoro recién hecho), y cuando
llegamos a un recodo del camino me señalaste una hiedra, me
dijiste «Ponete ahí», y bajo ese sol de ámbar empezaste a tomarme
algunas fotos. Todo olía a eucaliptus y a tierra, y sonó la campana
que anunciaba el paso de un tren y la tarde, dentro de mí, se hizo
trizas en miles de fragmentos de sangre y hueso y hielo, y vos te
acercaste, me quitaste un mechón de la cara, me dijiste «Tan linda»,
y yo te miré desconcertada, como un animal encandilado y alerta, y
me preguntaste «¿Mejor?», y yo te dije «Sí». Y me sentí un
monstruo, un animal, un ser lleno de secretos y pájaros oscuros.
Porque no era verdad. Porque, a pesar del paseo y las fotos —y el
mechón de pelo y tu intento de salvarme de todas las cosas— no era
verdad. Porque la gente no salva a la gente: la gente se salva sola. Y
no supe si vos lo sabías. Leila Guerrero
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario