«¿Ya está, ya pasó?», preguntó mi madre. «Sí, mi amor, ya está, ya
pasó», dijo mi padre, y sonrió y le dio un beso en la frente. Mi
madre, todavía atontada por la anestesia de una operación que no
había servido para nada, no sonrió pero dijo, con alivio, «Gracias a
Dios». Yo estaba allí. Yo vi esa bestialidad. Yo sabía que a Dios no
había que agradecerle nada porque la enfermedad iba a enterrar a
mi madre a puñetazos en un cuarto de hospital del que no volvería a
salir nunca, y me pregunté entonces, y me pregunto ahora, qué
clase de hombre hay que ser para ser el hombre que fue mi padre
aquella tarde: un hombre que, mirando la soledad de miedo que
empezaba a abrirse bajo sus pies, parado al borde de la última ceja
del abismo, se tragaba su horror y decía: «Aquí estoy: yo no te
suelto». ¿A qué dioses se habrá encomendado para no aullar, para
no moler a golpes el cuarto, el hospital, el mundo, mientras el
cuerpo de mi madre marchaba seguro hacia la muerte? Supe que
Amparo Fernández, la mujer del Cigala, el cantante flamenco, murió
de cáncer una madrugada de agosto pasado en República
Dominicana y que la noche siguiente él, el Cigala, subió a un
escenario de la ciudad de Los Ángeles para hacer una presentación
que tenía programada y, con los ojos revueltos de dolor y sangre,
con traje de luto planchado por su propio hijo, enredado en los
primeros crespones de la muerte, cantó. Cantó como quien dice
«Aquí estoy: yo no te suelto». ¿Qué hay que ser para ser un hombre
así? Porque yo quiero ser ese hombre. Yo quiero, todo para mí, ese
coraje. Leila Guerrero
Los psicólogos Baltes y Staudinger plantean este modelo en donde selectividad consiste en elegir tus oportunidades y definir metas alcanzables, optimización va de buscar el mejor rendimiento posible en ellas y la compensación va de encontrar estrategias para compensar las limitaciones que tenemos. Llevémoslo a un ejemplo que explica Pacho O´Donnell en el libro "La nueva vejez": En una entrevista televisiva le preguntaron al famoso pianista polaco-estadounidense Arthur Rubinstein cómo hacía para vencer la edad y seguir siendo el concertista de piano número uno a los 90 años. Respondió: “En primer lugar, de todo el repertorio musical he elegido las piezas que más me gustan y con las que me siento más cómodo [selección]. En segundo lugar, practico todos los días las mismas horas, pero como ensayo menos piezas, dedico más tiempo a cada una [optimización]. Por último, cuando tengo que interpretar movimientos que requieren de más velocidad en mis dedos de la que puedo conseguir, h...
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