Plantas en mi balcón, un colibrí, el cielo como una bandeja celeste,
palomas, polvo traído por el viento y depositado como una capa de
vello rubio sobre el piso de pinotea —yo, tratando de escribir esta
columna—, el pez articulado con escamas de nácar que era de mi
abuela y que está junto a mi computadora, el cairel de la araña de
su casa que se rompió la semana pasada y cuyos trozos coloqué
sobre un paño, el goteo sincopado de un reloj —yo, tratando de
escribir esta columna—, retazos de recuerdos —una cena en la plaza
de Puebla, un hotel en Arequipa, risas—, la alfombra áspera bajo los
pies, las uñas de los pies que pinté ayer de color sangre, el pote con
crema para las quemaduras (me quemé cocinando) cuyo olor me
recuerda al de la crema que me ponía mi abuela para curarme las
rodillas después de haberme pasado el día jugando juegos de
varones —yo, tratando de escribir esta columna—, el pan en el
horno, la máquina lavadora funcionando con su eficacia fresca, una
nube como el retazo de una tela limpia, el poema de Ana Ajmátova
que no citaré, la sencillez rampante de los lápices negros en mi
portalápices de acero —yo, tratando de escribir esta columna—, el
pequeño gajo de la desesperación asomando como una uña
maligna, el abismo ahí nomás, la charla de hace días con el
dibujante Miguel Rep, en su programa de radio, cuando le hablé de
Un hombre enamorado, el libro de Karl Ove Knausgård que él no
conocía, diciéndole que era la historia de un escritor que busca
desesperadamente el tiempo y el espacio para escribir mientras vive
con una mujer y unos hijos a los que ama, inmerso en una rutina
que lo tranquiliza y que necesita pero que, a la vez, lo aniquila y le
impide trabajar, y Miguel Rep, con ojos de quien ya ha estado allí,
diciendo sabia, medirianamente: «Ah. La felicidad como distracción».
Yo, que no he dejado de pensar en eso desde entonces. Leila Guerrero
Los psicólogos Baltes y Staudinger plantean este modelo en donde selectividad consiste en elegir tus oportunidades y definir metas alcanzables, optimización va de buscar el mejor rendimiento posible en ellas y la compensación va de encontrar estrategias para compensar las limitaciones que tenemos. Llevémoslo a un ejemplo que explica Pacho O´Donnell en el libro "La nueva vejez": En una entrevista televisiva le preguntaron al famoso pianista polaco-estadounidense Arthur Rubinstein cómo hacía para vencer la edad y seguir siendo el concertista de piano número uno a los 90 años. Respondió: “En primer lugar, de todo el repertorio musical he elegido las piezas que más me gustan y con las que me siento más cómodo [selección]. En segundo lugar, practico todos los días las mismas horas, pero como ensayo menos piezas, dedico más tiempo a cada una [optimización]. Por último, cuando tengo que interpretar movimientos que requieren de más velocidad en mis dedos de la que puedo conseguir, h...
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