Hay que amasar el pan. Hay que amasar el pan con brío, con
indiferencia, con ira, con ambición, pensando en otra cosa. Hay que
amasar el pan en días fríos y en días de verano, con sol, con
humedad, con lluvia helada. Hay que amasar el pan sin ganas de
amasar el pan. Hay que amasar el pan con las manos, con la punta
de los dedos, con los antebrazos, con los hombros, con fuerza y con
debilidad y con resfrío. Hay que amasar el pan con rencor, con
tristeza, con recuerdos, con el corazón hecho pedazos, con los
muertos. Hay que amasar el pan pensando en lo que se va a hacer
después. Hay que amasar el pan como si no fuera a hacerse nada,
nunca más, después. Hay que amasar el pan con harina, con agua,
con sal, con levadura, con manteca, con sésamo, con amapola. Hay
que amasar el pan con valor, con receta, con improvisación, con
dudas. Con la certeza de que va a fallar. Con la certeza de que saldrá
bien. Hay que amasar el pan con pánico a no poder hacerlo nunca
más, a que se queme, a que salga crudo, a que no le guste a nadie.
Hay que amasar el pan todas las semanas, de todos los meses, de
todos los años, sin pensar que habrá que amasar el pan todas las
semanas de todos los meses de todos los años: hay que amasar el
pan como si fuera la primera vez. Habrá que amasar el pan cuando
ella se muera, hubo que amasar el pan cuando ella se murió, hay
que amasar el pan antes de partir de viaje, y al regreso, y durante el
viaje hay que pensar en amasar el pan: en amasar el pan cuando se
vuelva a casa. Hay que amasar el pan con cansancio, por cansancio,
contra el cansancio. Hay que amasar el pan sin humildad, con
empeño, con odio, con desprecio, con ferocidad, con saña. Como si
todo estuviera al fin por acabarse. Como si todo estuviera al fin por
empezar. Hay que amasar el pan para vivir, porque se vive, para
seguir viviendo. Entrenar. Amasar el pan. No hay diferencia.
Los psicólogos Baltes y Staudinger plantean este modelo en donde selectividad consiste en elegir tus oportunidades y definir metas alcanzables, optimización va de buscar el mejor rendimiento posible en ellas y la compensación va de encontrar estrategias para compensar las limitaciones que tenemos. Llevémoslo a un ejemplo que explica Pacho O´Donnell en el libro "La nueva vejez": En una entrevista televisiva le preguntaron al famoso pianista polaco-estadounidense Arthur Rubinstein cómo hacía para vencer la edad y seguir siendo el concertista de piano número uno a los 90 años. Respondió: “En primer lugar, de todo el repertorio musical he elegido las piezas que más me gustan y con las que me siento más cómodo [selección]. En segundo lugar, practico todos los días las mismas horas, pero como ensayo menos piezas, dedico más tiempo a cada una [optimización]. Por último, cuando tengo que interpretar movimientos que requieren de más velocidad en mis dedos de la que puedo conseguir, h...
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