Buenos Aires tiene muchos cafés en donde la gente se refugia. Hay cierto pacto de estar con otros pero no romper las guindas al otro. Se llena de historias diversas: el padre y el hijo, los estudiantes, los que trabajan juntos, las dos abuelas, los que leemos un rato solos, el matrimonio que se hace un tiempo para charlar. Disfruto bajarme del mundo un rato en los cafés de Buenos Aires.
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