Mi abuela Chola tenia un banco de madera en la puerta de su casa. A la tardecita salía a ver pasar la vida desde ahí. Se sentaba con algunas vecinas y veía pasar a sus nietos en bicicleta, de policías o ladrones, o para jugar en la canchita hasta que la luz de mercurio marque el final del partido. Hoy en Colonia me volví a encontrar bancos en la vereda y me volví a la niñez.
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