"A fines de noviembre de 2006, durante la final mundialista que se jugó en Buenos Aires, la selección de Brasil tuvo en un arco todo el partido a la Argentina. Los brasileños estrellaron dos tiros en los palos y ejecutaron un penal que el arquero argentino desvió por muy poco. La situación de Los Murciélagos era desesperante. De pronto, una pelota disputada se abrió y Silvio la recibió en el medio campo, encaró en velocidad y esquivó por izquierda a un jugador que le salió al paso. En ese instante, Velo se dio cuenta de que iba quedándose sin ángulo e imaginó, en fracciones de segundos, dónde estaba el arco y hacia dónde se tiraría el arquero. Imaginó que el brasileño esperaría un bombazo al primer palo. Y entonces, sin verlo, Velo pensó que podría engañarlo: le apuntó al segundo palo, le pegó con "tres dedos" y estremecedora suavidad. La pelota se elevó en cámara lenta, hizo una comba hacia arriba y hacia adentro, y se clavó violentamente en el ángulo contrario. Fue tal la conmoción que Brasil se quedó desarmado y frío. Ese gol de oro valió un mundial, una vuelta olímpica y una fiesta interminable. Velo era el héroe invencible, capaz de todo.
Me pregunto cómo es posible concebir esa maniobra sin ver la pelota, el área, el arco y al arquero. No se lo digo, pero por primera vez sospecho que muchísimas cosas dependen menos de la vista que del instinto. Que la vista está incluso sobrestimada en este mundo de la imagen y que la imagen distrae de la esencia de la vida. Silvio no ve el fútbol, pero lo siente." De "El largo vuelo del murciélago", Jorge Fernández Diaz
Los psicólogos Baltes y Staudinger plantean este modelo en donde selectividad consiste en elegir tus oportunidades y definir metas alcanzables, optimización va de buscar el mejor rendimiento posible en ellas y la compensación va de encontrar estrategias para compensar las limitaciones que tenemos. Llevémoslo a un ejemplo que explica Pacho O´Donnell en el libro "La nueva vejez": En una entrevista televisiva le preguntaron al famoso pianista polaco-estadounidense Arthur Rubinstein cómo hacía para vencer la edad y seguir siendo el concertista de piano número uno a los 90 años. Respondió: “En primer lugar, de todo el repertorio musical he elegido las piezas que más me gustan y con las que me siento más cómodo [selección]. En segundo lugar, practico todos los días las mismas horas, pero como ensayo menos piezas, dedico más tiempo a cada una [optimización]. Por último, cuando tengo que interpretar movimientos que requieren de más velocidad en mis dedos de la que puedo conseguir, h...
