Precisamente cuando dejamos de buscar la obra perfecta, el partido perfecto, la pareja perfecta, justamente en ese momento abrimos la ventana para que suceda. La búsqueda de lo inmaculado en un mundo perfecto nos traba, nos frustra, nos pone lentos y nos hace vivir el mundo con unos segundos de retraso. Cuando aceptamos las cosas que se van dando y seguimos bailando, podemos seguir mejor la música.