jueves, 29 de marzo de 2018

El hijo del viento

Anoche volví a hacer seis o siete goles en el duelo de oficinistas de los miércoles. Después de haber tocado fondo, retome la bicicleta por dos semanas y corone la preparación con un asadazo bien regado el martes por la noche hasta altas horas de la madrugada. Arranque tímido yendo al arco pero luego el primer sedentario pidió aire. Me paré de defensor pero el cuerpo me pedía proyección. Y subí. Los primeros goles fueron de pescador de área pero después ya hubo desbordes, gambetas, y tiros de larga distancia que fueron claves para el triunfo de mi equipo. Me habían prestado el uniforme de futbolista porque me había olvidado de llevar ropa a la oficina -supongo por resabios de la noche anterior afectando los sistemas cognitivos a cargo de la memoria- pero me pidieron que devuelva las zapatillas que las iban a usar el finde. Y el hijo del viento se despidió de esa tarde de gloria vestido de futbolista y con zapatos de vestir lustrosos....

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