
Londres es una ciudad frente a la cual no se puede ser indiferente. Su riqueza cultural a través de sus museos, teatros y monumentos; su poderío económico a través de su centro financiero; su organización que se vive a través de su transporte publico; la amabilidad y respeto de su gente que se siente en cada interacción; su refinamiento que se ve en la forma de vestir, su five o'clock tea y sus tiendas. Pero al mismo tiempo, su humor ácido y punzante, sus encuentros eternos y diarios en los pubs para tomar y tomar, su no reconocimiento de que hay cosas que no les pertenecen.
Esos contrastes es esta ciudad y creo que por eso no pasa desapercibida y queda dando vueltas en la cabeza.
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