Una característica que habla mucho de la gente es su comportamiento como anfitrión. El cuidado a los detalles, la atención, el pensar en el otro, el dar, su generosidad, se ponen de manifiesto en ese rol. Ser un buen anfitrión es preocuparte por el otro, por hacerle una caricia al alma. Un buen anfitrión te hace sentir el centro del mundo por un rato.
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