Cuando esta por empezar el partido o en los momentos más difíciles nos abrazamos para hacernos uno. En esos momentos sentimos que somos más fuertes, que van a necesitar superar no a un jugador sino a todos nosotros. Nos movemos en bloque con una misma idea. Lo hacemos por el placer de sentirse parte de una idea, de una mantener de entender la vida. No nos sobra nada, solo una cuota extra de atrevimiento, de rebeldía, de no creer en los limites. Pero eso nos pasa porque cuando nos abrazamos nos sentimos casi, casi, invencibles.

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