Lo no dicho pesa. Lo llevamos con nosotros. Lo arrastramos. Cuando nos quedamos sin decir ese "no", no es gratis. Hay que viajar más liviano. Con más cosas dichas. Hay que sacárselas de encima para que no nos pesen. Los que dicen las cosas andan más livianos, más ágiles, con menos dolores. Lo no dicho te cansa.