Hay una historia zen que cuenta que un monje siempre andaba llevando un espejo a todos los lugares donde iba. Un sacerdote lo vio un día y pensó para si mismo: "Este monje debe estar tan preocupado por la forma en que luce que siempre anda llevando consigo el espejo. No debería preocuparse tanto por su aspecto exterior, es el interior lo que cuenta." Entonces el sacerdote se acerco al monje y le dijo, "¿Por qué siempre llevas ese espejo?". A lo que el monje le respondió. "Lo uso en caso de tener algún problema. Siempre me recuerda la fuente como la solución a mi problema."
La historia tiene que ver con tomar la responsabilidad por la resolución de nuestros problemas.
La historia tiene que ver con tomar la responsabilidad por la resolución de nuestros problemas.
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