martes, 13 de febrero de 2018

Pereza

Estaban dos esclavos a la orilla de un río. Uno se despertó, bostezo, desperezó, suspiro y dijo "como me gustaría tener un millón de sandías". El otro le preguntó "si tendrías un millón de sandias, me darías la mitad?" "No!", le respondió el primero. "Me darías un cuarto?" volvió a preguntar el segundo. "No, tampoco!". Finalmente le dijo "¿No me darías ni siquiera una sandía? ¿A mi, que soy tu amigo?". "No, no te daría ni una sandía porque sos tan perezoso que no sos capaz ni de soñar por ti mismo." Hay veces que nos encontramos con personas que buscan siempre el camino más corto, la fácil, el atajo. Lo hacen como modo de vincularse con la realidad (o los sueños).

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