Los cursos de capacitación deberían parecerse mucho a una función de un humorista que hace un monólogo. Subir los niveles de dopamina de los espectadores y pegarle una piña con un concepto, no dejarlo recuperar y pegarle otra piña con una historia, tenerlo con los ojos abiertos de asombro y otro golpe más con una herramienta. Hacer que se lleve la panza llena de conocimientos. Tienen que tener ritmo. Hacer que estés atento como espectador todo el tiempo. Ambiente relajado, irte con los bolsillos llenos.
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